Simple Stories in Spanish: La aventura de la vida, parte 9

Season 10, episode 32

Previous chapters of La aventura de la vida include: Parte 1 , Parte 2, Parte 3, Parte 4, Parte 5, Parte 6, Parte 7, Parte 8

They’ve done it! It appears that Sandra has led Gabriel to the Treasure of the Jaguar King – the whole reason they are on this journey. A room filled with gold and jewels greets them, but Sandra can’t help thinking it is another trap. And now that they have the treasure, how do they get out of Xibalbá? This adventure of a lifetime is not over yet.

This story is in the third person and present tense, with multiple other verb forms used as needed to tell the story. Important vocabulary in the story includes: “truco” (trick), “tesoro” (treasure), “calavera” (skull),“pasillo” (passageway/hallway), “palomitas” (popcorn), and “adivinanza” (riddle).

La aventura de la vida, parte 9

—¡Lo hiciste, Sandra! ¡Hemos encontrado el tesoro del Rey Jaguar! —exclama un emocionado Gabriel, mirando el salón lleno de oro.

Gabriel toma a Sandra en sus brazos y la estrecha contra su cuerpo musculoso. Luego la sorprende con un gran beso en la boca.

—Vaya, qué sorpresa. El tesoro es real —dice el último hombre malo del grupo, caminando hacia una estatua dorada.

Gabriel se aparta de Sandra y camina hacia el tesoro. Sandra no sabe qué pensar; está completamente agotada y todos sus instintos le dicen que es otro truco de Xibalbá, pero Gabriel y el hombre tocan el oro, y no pasa nada. El oro no desaparece ni se convierte en algo diferente.

Sandra camina por las pilas de joyas y oro. A ella no le importa tanto el tesoro; tiene lo que necesita en la vida. Mientras tanto, Gabriel y el otro hombre llenan sus bolsillos de oro, esmeraldas y rubíes, como niños en una dulcería.

Entre el tesoro brillante hay algo que capta la atención de Sandra. Es una máscara de jaguar. La máscara es de madera y parece fuera de lugar entre los lujos del tesoro. Sandra toma la máscara en sus manos y la examina. Es exquisita y muy bien hecha. Siente una conexión con la cara del jaguar y decide ponerla en su mochila con su libro como un recuerdo de su aventura.

Sandra encuentra una esquina para sentarse. Ya no puede mantenerse de pie con los ojos abiertos, está tan cansada. Ha usado toda su energía para correr de los peligros de Xibalbá y en poco tiempo está acostada en el suelo, dormida.

Cuando Sandra se despierta, está muy cómoda. Siente el calor de una persona a su espalda y un brazo rodea su cintura. Tiene ganas de cerrar los ojos y volver a dormir, pero de pronto recuerda dónde está y se levanta con un salto. Gabriel abre los ojos a su lado y mira a Sandra con una gran sonrisa.

—Buenos días —le dice.

Sandra no responde. Se pone de pie y se estira. Le duele el cuerpo después de dormir en el suelo y se frota el cuello.

—¿Cuál es el plan? —pregunta Sandra—. No puedes llevar todo este tesoro fuera de Xibalbá.

—Voy a llevar las cosas más preciosas que encontré a mi empleado. Ahora que sé dónde está, puedo volver por el resto más tarde —responde Gabriel.

—¿Piensas volver a Xibalbá? —dice Sandra, incrédula.

—Podrías venir conmigo. Sería una cita emocionante —dice Gabriel con una sonrisa coqueta.

Sandra no quiere pensar en eso. Solo tiene ganas de salir con vida del “lugar de miedo” y pasar unos días en la playa antes de volver a casa.

—Para volver, primero hay que salir —responde Sandra.

Hay movimiento y el hombre malo que todavía está con ellos se les acerca. Sandra piensa en lo que pasó con los otros dos hombres: uno que perdió la cabeza por un murciélago enorme y otro que se convirtió en piedra por el aguijón de un alacrán. Tienen suerte de tener vida en este momento.

—¿Y cómo hacemos eso? ¿Cómo salimos de aquí? —pregunta el hombre.

Sandra abre la mochila y saca el libro El Rey Jaguar. Hasta ahora, el libro ha tenido muchas pistas de qué esperar en Xibalbá. ¿Es posible que tenga la respuesta de cómo salir?

No ha tenido tiempo para terminar el libro. Encuentra su página y hojea las páginas llenas de acción. Encuentra una parte del cuento sobre los jaguares y alacranes. No hay necesidad de leer eso ahora, ya lo ha vivido.

Después de un rato llega a algo que parece útil. Sandra lee la sección con cuidado antes de cerrar el libro y devolverlo a la mochila.

—Vámonos —dice Sandra.

—¿Qué dice el libro? —exige el hombre malo.

—Que nos vayamos —dice Sandra.

—No juegues conmigo —dice el hombre. Saca un cuchillo de su bota y lo apunta a Sandra—. Ahora que sabes del tesoro y cómo salir, me van a dejar aquí y no puedo permitir eso. Ahora dime, ¿qué dice el libro?

—Cuidado, hombre. Todos queremos salir de aquí y vamos a salir como un grupo —dice Gabriel, tratando de aliviar la situación.

—No tengo por qué confiar en ustedes. ¡Ahora dime cómo salir de este infierno! —grita el hombre.

Sandra mantiene la calma; tiene mucha experiencia por su trabajo con niños de entre once y catorce años. Se acerca al hombre y, con una voz tranquila, le dice:

—Si me matas, seguro no saldrás de aquí. No tengo ninguna intención de dejarte atrás, aunque lo mereces por tratar de matarme a mí más de una vez. Ahora bien, me puedes matar y quedarte en Xibalbá, o me puedes seguir y, a lo mejor, salir de aquí con vida.

El hombre baja su cuchillo. Todavía está enojado, pero al menos ahora no está peleando.

Sandra se pone la mochila y los hombres agarran su tesoro. Gabriel tiene un saco lleno y el hombre levanta una caja pesada. 

—Recuerden que Xibalbá juega con las mentes. Es posible que vean a personas muertas, miembros de su familia, que los llaman. No los sigan; es una trampa. Ignoren a todo y a todos excepto a mí —dice Sandra antes de salir de la casa del tesoro.

Otra vez en el pasillo, caminan con cuidado, no quieren toparse con alacranes, murciélagos o jaguares. Al principio van rápido, pero con el tiempo van más lento por el peso del tesoro. El pasillo se vuelve más estrecho y el techo más bajo.

Doblan por una esquina y se encuentran en una pequeña caverna que se abre en cuatro túneles. Los túneles parecen iguales. Cada uno tiene una calavera por encima de la entrada. De repente, los ojos de las calaveras se iluminan con una luz verde y empiezan a hablar.

El ruido de sus voces llena la pequeña caverna y es difícil pensar. Luego, personas aparecen en los pasillos, tratando de influir su decisión.

—¿Raúl? ¿Eres tú? —dice el hombre malo, mirando por uno de los túneles.

Sandra ve a una persona que lleva su cabeza en los brazos. Es el hombre malo que perdió la cabeza en la casa de los murciélagos. Gabriel se pone pálido mirando por otro túnel. No dice nada, pero Sandra supone que ha visto a alguien que conoce.

Una figura que Sandra conoce bien aparece en otro túnel; es su abuelo. Su abuelo la mira con ojos amables y le habla:

—Ay, mija, qué valiente eres. Estoy tan orgulloso de ti. Ven, mija. Ven acá y te ayudaré.

Sandra quiere creerlo. Quiere creer que es su abuelo. Quiere correr a él y sentir su abrazo. Pero sabe que es otro truco de Xibalbá. Se limpia las lágrimas de los ojos, ignorando la petición de su abuelo, y se sienta en el suelo. Cierra los ojos y toca la tierra con las palmas.

Según el libro, para salir necesita escuchar a la tierra. Sandra bloquea todo el ruido en el pequeño salón y se enfoca en la tierra, en sus ritmos, en su vibra. Después de un tiempo, allí está: un pequeño pulso que la guía en una dirección específica.

Se levanta y camina hacia uno de los túneles. Todas las voces de las calaveras se detienen y giran las cabezas para mirarla.

—¿Adónde vas? Raúl está por aquí. Estoy seguro de que me quiere guiar a la libertad —dice el hombre malo, indicando el túnel con su amigo de cabeza desconectada.

—Si quieres, puedes seguir a tu amigo muerto, pero yo voy con ella —dice Gabriel, siguiendo a Sandra.

La calavera encima del túnel elegido por Sandra la mira. Sus ojos cambian de verde a rojo y habla:

—¿Qué es un bol azul lleno de palomitas?

—¿Qué es eso? —susurra Gabriel.

—Es una adivinanza —responde Sandra—. A los mayas y a los aztecas les gustaba usar adivinanzas para probar el mérito de la gente. Hay que contestar correctamente para seguir adelante.

Sandra sabe la respuesta. Su abuela tenía un libro infantil de adivinanzas mayas y se las leía cuando era niña. Recuerda el dibujo del bol azul con palomitas.

—Un bol azul lleno de palomitas es el cielo y las estrellas —responde.

Los ojos de la calavera cambian de nuevo a verde y Sandra entra al túnel. Gabriel hace ademán de seguirla, pero se detiene en seco cuando los ojos cambian otra vez a rojo. No puede pasar sin antes contestar una adivinanza. La calavera le habla:

—¿Qué hace tortillas coloridas mientras vuela por el aire?

Sandra sonríe. Es fácil. Pero no puede decir la respuesta porque Gabriel tiene que decirla. Usa sus manos para indicar un insecto colorido común

—Una mariposa —dice Gabriel, y después entra al túnel.

Ahora le toca al hombre malo. Sandra tiene ganas de seguir en el túnel sin él, pero es una mujer de su palabra y se queda para ayudarlo.

—¿Qué es un espejito en una casa de ramos de abeto? —pregunta la calavera.

Esta adivinanza es más complicada, pero Sandra la recuerda del libro e indica su ojo al hombre. El hombre mira otra vez a su amigo Raúl antes de contestar. 

—¿El ojo? —dice el hombre, dudoso. Los ojos de la calavera lo penetran y después de un segundo espantoso se cambian a verde y el hombre entra al túnel con Sandra y Gabriel.

El fin.

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¡Muchas gracias por escuchar! Thank you for listening, and a HUGE thank you for your support. I really enjoy creating and sharing simple, comprehensible stories in Spanish. If you would like to help me in that endeavor, consider buying me a taco! Or find me on PayPal and Venmo @Small Town Spanish Teacher!

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Simple Stories in Spanish: La aventura de la vida, parte 8

Season 10, episode 31

Previous chapters of La aventura de la vida include: Parte 1 , Parte 2, Parte 3, Parte 4, Parte 5, Parte 6, Parte 7

In Xibalbá it is easy to lose your head, both figuratively and literally as Sandra has already discovered. She and her companions have made it through several rooms, but there is no end in sight. The purpose of Xibalbá is to remove home and induce fear. What other tricks and traps have the gods of Xibalbá prepared to torment their guests?

This story is in the third person and present tense, with multiple other verb forms used as needed to tell the story. Important vocabulary in the story includes: “lombrices” (worms), “grieta” (crack), “alacrán” (scorpion),“aguijón” (stinger), “equilibrio” (balance), and “rugir” (to growl).

La aventura de la vida, parte 8

Sandra, Gabriel y los dos hombres malos que quedan salen de la casa de juego mientras los dioses de Xibalbá les cortan las cabezas a los perdedores. Los gritos de los aficionados los siguen por los pasillos oscuros de Xibalbá.

Sandra está cansada y asustada. Ha sido una noche larga y terrible. Un hombre, que todavía está aquí con ella, trató de sacrificarla en El Castillo, el templo de Chichén Itzá. Después, cayó no solo por El Castillo, sino por dos pirámides más, para terminar en un cenote frígido. Casi se ahogó en un río subterráneo y terminó en Xibalbá, “el lugar de miedo”.

Ahora tiene que escaparse de los trucos de los dioses de Xibalbá. Dioses que quieren destruir la esperanza y jugar con sus emociones y vidas. Ya pasó por las casas de melancolía, hielo, cuchillos y murciélagos. ¿Cuántas casas más quedan?

Necesita pensar, pero es muy difícil. Tiene mucho sueño y mucha hambre. Por primera vez en toda la noche, Sandra piensa en comida. No ha comido por horas. Su boca se hace agua pensando en tacos al pastor, una torta de asada, enchiladas de mole. ¿Por qué solo puede pensar en comida ahora?

—¿Huelen eso? —pregunta Gabriel, olfateando el aire.

—Huele a carne asada —dice uno de los hombres con ojos grandes.

—Yo huelo mole —dice el otro hombre, lamiéndose los labios.

El grupo entra a una caverna. En el centro de la caverna hay una gran mesa llena de todo tipo de comidas. Sus olores llenan el espacio. El estómago de Sandra ruge en respuesta. 

—¿Qué esperamos? Debemos comer para tener energía —dice el líder de los hombres malos, casi corriendo a la mesa.

—¿No recuerdas nada? Todo en Xibalbá es un truco. La comida no existe. Es una ilusión —dice Sandra.

—No es ninguna ilusión, es comida. Mira —dice el hombre. Agarra un tamal de la mesa. El tamal no desaparece; es sólido en su mano. 

—No puede ser. No hay cosas buenas en Xibalbá —dice Sandra.

—Parece real, y muy bueno —dice el otro hombre, tomando un taco de la mesa. 

Los dos hombres levantan la comida hacia sus bocas.

—¡No la coman! —grita Sandra, pero es demasiado tarde. 

Los hombres muerden la comida, y la realidad aparece. La comida en sus manos se transforma. Donde antes había carne, ahora hay lombrices. Los hombres gritan y escupen lombrices de la boca. Uno agarra un vaso de agua, pero cuando el líquido toca su boca, se transforma en cenizas. 

—Les dije que no era comida real —dice Sandra. Los hombres la miran con desprecio.

Salen de la casa del festín y entran a otro túnel. El estómago de Sandra protesta. Si tan solo pudiera comer uno de los mangos del bol de frutas en esa casa.

—¿Qué hacemos ahora? ¿Adónde vamos? ¿Cuántas casas más tenemos que entrar? —pregunta un hombre, mientras todavía limpia lombrices y ceniza de su cara.

—No sé, no sé y no sé —responde Sandra.

El hombre se detiene y agarra la mochila de Sandra. La abre y saca el libro El Rey Jaguar. Lo abre, buscando respuestas.

—¿Dónde están las respuestas? ¿En qué parte del libro estamos? —exige el hombre.

—Dame el libro y lo puedo encontrar —grita Sandra. 

Su voz hace eco en el túnel y la tierra tiembla. Una grieta grande se abre. Gabriel toma a Sandra en sus brazos para que no se caiga.

Sandra está asustada, pero siente segura en los brazos fuertes de Gabriel. Ahora Sandra y Gabriel están a un lado de la grieta y los dos hombres malos están al otro lado con el libro. Un sonido raro sale de la grieta, como el tic-tac de un reloj. El sonido se hace más fuerte y rápido, y Sandra se da cuenta del peligro.

—¡Muévanse! ¡Vámonos! —grita.

Del abismo de la grieta sale un gigantesco alacrán hecho de obsidiana y bronce. El alacrán levanta su aguijón, preparado para atacar.

—¿Qué hacemos? —le pregunta Gabriel a Sandra.

—No sé. No he leído nada sobre alacranes en el libro —responde Sandra con miedo.

El grupo corre por el pasillo tratando de evitar tanto al alacrán como la grieta en el centro del camino. El alacrán ataca a ellos con su aguijón, pero lo esquivan y solo golpea las paredes del túnel.

—Mira, hay una cueva —dice Gabriel, señalando un espacio negro en la distancia. 

Sandra usa la poca energía que le queda para moverse las piernas más rápido. La cueva está del lado del túnel dónde están Sandra y Gabriel. Los dos hombres malos necesitarán cruzar la grieta para llegar.

—¡Brinca! —grita Gabriel, extendiendo su mano hacia los hombres. 

El primero hombre corre y brinca. Aterriza, pero pierde el equilibrio. Toma la mano de Gabriel para no caer en la grieta.

El segundo hombre, el que tiene el libro, corre. Cuando está a punto de brincar, el alacrán ataca. El hombre pierde el equilibrio y no tiene suficiente fuerza para llegar al otro lado. Gabriel agarra uno de sus brazos mientras cae en la grieta.

—¡Ayúdame! —grita Gabriel al otro hombre. 

El hombre se acerca a la grieta y toma el otro brazo de su compañero. Los dos hombres jalan al tercer hombre hasta tierra firme.

—Gracias —jadea el hombre, y luego sus ojos se abren de par en par.

Sandra ve el aguijón del alacrán en la espalda del hombre. El hombre se congela y, poco a poco, su cuerpo se convierte en piedra. El alacrán levanta su aguijón para atacar de nuevo.

Sandra corre hacia el hombre y agarra el libro de su mano petrificada. Gabriel la toma de la cintura y la jala. Segundos después, el aguijón del alacrán cae a unas pulgadas de la cabeza de Sandra.

Gabriel empuja a Sandra dentro de la cueva. El otro hombre los sigue. La entrada es lo suficientemente grande para el alacrán, pero no entra. Hay unos huesos en el suelo, y Gabriel levanta uno como un bate para defenderse. 

De repente, el alacrán vuelve a esconderse en la grieta bajo el suelo, como si algo lo hubiera asustado. Gabriel mira a Sandra con alivio, pero el alivio desaparece rápido.

—¿Qué es? —pregunta Sandra al ver el miedo en los ojos de Gabriel. Gabriel no responde.

Sandra se da la vuelta y todo su cuerpo se llena de terror. Orbes dorados flotan en grupos de dos por toda la cueva. Son los ojos brillantes de docenas de jaguares. Un par de ojos está muy cerca de Sandra.

El grupo retrocede poco a poco hacia la entrada. Los ojos los siguen. Gabriel saca algo de su bolsillo: es la estatua de jaguar que compró en Chichén Itzá. Lleva la estatua a su boca y sopla. La cueva se llena con el rugido de un jaguar.

Es justo la distracción que necesitan para salir de la casa de los jaguares. Los tres corren de nuevo hacia el túnel, evitando el cuerpo petrificado del hombre malo y la gran grieta. Corren sin mirar atrás. No saben si los jaguares o el alacrán los siguen; solo corren.

—Hay…otra…cueva —dice Sandra, jadeando. 

En la distancia, una luz dorada sale de un hueco en la pared de roca. Corren hacia la nueva cueva y, cuando entran, no lo pueden creer. La cueva brilla con montones de tesoro. Cajas llenas de oro y piedras preciosas cubren el suelo. Estatuas de oro con ojos de jade miran desde las esquinas.

—Lo hemos encontrado. ¡Es el tesoro del Rey Jaguar! —exclama Gabriel con una sonrisa enorme.

El fin.

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Simple Stories in Spanish: La aventura de la vida, parte 7

Season 10, episode 30

Previous chapters of La aventura de la vida include: Parte 1 , Parte 2, Parte 3, Parte 4, Parte 5, Parte 6

Xibalbá, the mayan underworld also known as “the place of fear”, is divided into rooms. Sandra and Gabriel, joined by the evil men hunting them, have already confronted the rooms of gloom, ice, and knives. Now they must make it through the rooms of bats and games without figuratively – or literally – losing their heads.

This story is in the third person and present tense, with multiple other verb forms used as needed to tell the story. Important vocabulary in the story includes: “murciélago” (bat),“ruido” (noise), “sonido” (sound), “pelota” (ball), “cancha” (court) “chillar” (to cry), “cabeza” (head) and “perder” (to lose).

La aventura de la vida, parte 7

—¡Cubre la cabeza! —grita Sandra. Levanta su camiseta un poco para esconder su propia cabeza. Escaparon de la casa de hielo y la casa de cuchillos para terminar en la casa de murciélagos.

Un murciélago enorme acaba de arrancarle la cabeza a uno de los hombres malos. El resto de su cuerpo sangra en el suelo.

—¡Su cabeza! ¡No tiene cabeza! —chilla otro hombre.

—¡Y pronto tú tampoco tendrás cabeza si no la escondes! —dice Sandra. Gabriel y los dos hombres malos que quedan copian a Sandra y meten sus cabezas en la camiseta.

—¿Qué demonios pasa ahora? —dice el líder del grupo malo.

—Estamos en la casa de murciélagos. Cazan las cabezas, así que, si mantenemos la calma y escondemos las cabezas, nos dejarán en paz —explica Sandra.

—“No pierdes la cabeza”tiene un significado doble aquí —dice Gabriel y Sandra puede oír su sonrisa aunque no pueda verla.

—Si cubrimos la cabeza, no podemos ver nada, y si no podemos ver nada, ¿cómo salimos de aquí? —pregunta un hombre.

Sandra no dice nada. Calma su mente. Siente el movimiento del aire por la cueva. Oye los chillidos de los murciélagos y el sonido de sus alas. Oye el sonido ahogado de los cuchillos en la otra cueva. Y oye algo más.

De repente, un murciélago vuela cerca y asusta al grupo.

—¿Qué estamos esperando? —dice el líder de los hombres malos.

—¡Sh! —dice Sandra—. Oigo algo.

Los ruidos son un poco más fuertes. Hay gritos y algo pega contra el suelo en la distancia. Sandra sabe adónde ir. Toma la mano de Gabriel y empieza a caminar. 

El grupo se mueve torpemente con sus cabezas escondidas en sus camisetas. Sandra sigue los ruidos y con cada paso se vuelven más fuertes.

«Si solo pudiera ver la salida. Tenemos que estar cerca» piensa. 

Decide arriesgarse y baja su camiseta un poco para ver. Una luz tenue entra en la cueva unos 50 (cincuenta) pies por delante. El alivio de Sandra al ver la salida no dura mucho tiempo. Varios murciélagos vuelan cerca de la salida y aún más duermen colgados del techo. De pronto, los ojos rojos de los murciélagos se fijan en los ojos visibles de Sandra y todos vuelan en su dirección.

—Oh no —dice Sandra con un poco de pánico. Esconde de nuevo su cabeza, pero ya es tarde; los murciélagos vienen.

—¿Qué pasa? —pregunta Gabriel, todavía con la cabeza tapada.

—Tenemos que correr, ¡ahora! —dice Sandra, apretando más fuerte la mano de Gabriel.

Sandra echa a correr y los tres hombres que la siguen corren también. Siente las alas de los murciélagos en los brazos. Escucha sus chillidos cerca de ellos. Con todo el ruido de los murciélagos es difícil oír los sonidos que estaba siguiendo.

Tienen que estar cerca y Sandra descubre la cabeza otra vez. Se agacha cuando un murciélago ataca y apenas lo evita. La salida está a unos pasos más. 

El grupo corre zigzagueando para evitar los murciélagos que quieren arrancarles las cabezas. Por fin llegan a la luz, pero la salida está bloqueada por un murciélago enorme. La criatura extiende sus garras hacia Sandra. Ella se agacha para evitarlo. No es suficientemente rápida y las garras rascan su mejilla. 

Sin embargo, la salida ahora está libre y Sandra corre con toda su fuerza al túnel iluminado. Cuando sale de la cueva, se detiene y respira con fuerza, aliviada de estar fuera del alcance de los murciélagos. 

Las cabezas de Gabriel y los otros dos hombres aparecen cuando arreglan sus camisetas. Cuando Gabriel mira la cara asustada y lastimada de Sandra, reacciona con preocupación.

—Estás lastimada —dice Gabriel, tocando la mejilla de Sandra con cuidado.

—Estoy viva, y eso es lo más importante —responde Sandra, pensando en el hombre malo que murió de manera tan violenta dentro de la cueva.

Después de un breve descanso, el grupo sigue adelante. Están en un túnel. El túnel, como casi todos los túneles en Xibalbá, está decorado con calaveras y relieves. Los sonidos que Sandra seguía en la casa de murciélagos son más fuertes en el túnel. Hay muchos gritos de emoción y otra vez el ruido de algo que pega contra el suelo.

El grupo llega al otro lado del túnel y se detiene. Están en un tipo de estadio. Allí abajo, dos equipos juegan al pitz, también llamado pok-ta-pok, o el juego de la pelota. La cancha es igual a la cancha que vieron en Chichén Itzá, con una excepción: puntos afilados salen de las paredes y del suelo. 

Los pies de los jugadores sangran donde han pisado un punto. Cuando se caen para pegar la pelota con la cadera, gritan de dolor. Pero no pueden dejar de jugar, no pueden perder. Porque los perdedores pierden más que un juego: pierden la cabeza.

Arriba de la acción del juego, los muertos gritan con entusiasmo. Es la única cosa que trae algo de felicidad a Xibalbá. En el lugar de honor, tres dioses de Xibalbá miran la acción con grandes sonrisas. Les gustan el dolor y el miedo de los jugadores. Viven por el momento en que un lado pierde la esperanza.

—Tenemos que salir de aquí antes del fin del juego o podríamos ser los próximos jugadores —susurra Sandra a Gabriel. Él asiente para indicar que comprende.

—Imagino que tampoco queremos ser notados por esos tres hombres importantes —añade Gabriel.

—Son dioses de Xibalbá. Si nos ven, estamos muertos —asiente Sandra.

—¿De qué susurran? No piensan dejarnos atrás —dice uno de los dos hombres. Sandra siente horror al volumen de sus palabras. Por suerte, hay un grito de la audiencia al mismo tiempo y la atención de los dioses de Xibalbá se queda en el juego.

—Tenemos que salir pronto y evitar a los tres dioses que están aquí si queremos sobrevivir —susurra Sandra.

El grupo camina con cuidado alrededor de los “aficionados” del juego de pelota. Para no llamar la atención, gritan cuando los aficionados gritan y gimen cuando ellos gimen.

De vez en cuando Sandra dirige su atención al juego abajo. Ha leído sobre el pitz, ha visto canchas del juego cuando visita las ruinas, ha visto dibujos que tratan de ilustrar el juego, pero verlo en persona es algo especial, en particular porque nadie sabe exactamente cómo se juega.

Dos equipos tratan de mandar una pelota a la zona de anotación del otro equipo. No pueden tocar la pelota con las manos ni con los pies. La pelota está hecha de látex y pesa más o menos 8 libras. La pelota bota, y hay que pegarla de un lado al otro de la cancha. Hay un círculo de piedra en cada pared. El juego termina si la pelota pasa por un círculo. Es muy difícil botar la pelota lo suficiente para pasarla por el círculo, así que los juegos pueden durar mucho tiempo.

La pelota bota de un lado al otro, pegada por los jugadores. De repente, hay un gran grito cuando la pelota pasa por un círculo de piedra y la audiencia se pone de pie. Las caras de los jugadores muestran triunfo y desesperación. El juego ha terminado.

Los dioses de Xibalba se levantan de sus sillas y flotan hacia la cancha. Los perdedores saben lo que viene. Hay pinturas que muestran el final de jugadores por todas las paredes: nobles atletas que están de rodillas frente a los dioses con cuchillos en la mano. Luego, en la próxima pintura, en vez de una cabeza, serpientes que representan la sangre saltan del cuello del jugador decapitado. Últimamente, su calavera se unirá con las de otros perdedores para decorar la casa de la pelota.

Como el equipo que son, los jugadores perdedores se arrodillan en unísono. Los dioses absorben su pena y decepción con gusto. Aunque Sandra no tiene ganas de ser testigo del sacrificio, no puede mirar hacia otro lado.

En ese instante, uno de los dioses de Xibalbá levanta la vista y hace contacto visual con Sandra. Ella se congela por el miedo que la invade.

—Sandra, creo que veo la salida —dice Gabriel. Sandra nota movimiento mientras los dos hombres malos pasan por una puerta. Quiere ir con ellos, pero no puede moverse.

—¡Sandra! ¡Tenemos que salir! ¿Qué esperas? —grita Gabriel. Entonces ve al dios de Xibalbá mirando fijamente a Sandra. Agarra su brazo y jala fuerte, rompiendo el trance.

Salen de la casa de la pelota justo cuando un dios de Xibalbá le corta la cabeza al primer perdedor. 

El fin.

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Simple Stories in Spanish: La aventura de la vida, parte 6

Season 10, episode 29

Previous chapters of La aventura de la vida include: Parte 1 , Parte 2, Parte 3, Parte 4, Parte 5

The only people to defeat the gods of Xibalba are the Hero Twins, and they did so by resurrecting themselves after being ground into dust. Sandra doesn’t like that option. She finds herself between evil men and a river of sacrificial blood. What other terrifying sights await her in this space the Mayans call “the place of fear”?

This story is in the third person and present tense, with multiple other verb forms used as needed to tell the story. Important vocabulary in the story includes: “bravucón” (bully),“esperanza” (hope), “hielo” (ice), “cuchillo” (knife), “chilla” (cries), and “será” (probably is).

La aventura de la vida, parte 6

Sandra mira entre los tres hombres malos y el río de muerte. Los hombres levantan cuchillos de obsidiana y bloquean la salida. Detrás de Sandra el río de muerte mueve la sangre de personas sacrificadas para honrar a los dioses mayas.

Están en Xibalbá, el inframundo, que los mayas también llamaron “lugar de miedo”. Pues, Sandra tiene miedo. Tiene mucho miedo, pero no puede perder la calma.

—Es hora de aceptar tu destino —dice el hombre más grande, el mismo que estaba en el avión. Parece ser el líder del grupo.

Sandra recuerda el avión y el principio de esta aventura increíble. Saltó de un avión, subió El Castillo de Chichén Itzá y luego se cayó por las pirámides que estaban dentro, nadó por un cenote, casi se ahogó en un río subterráneo y enfrentó una oscuridad profunda, tanto en la cueva como en su cabeza.

Mira a los hombres y sus cuchillos y está muy frustrada. ¿Quiénes son ellos? ¿Por qué la persiguen? Ella no es nadie especial. Los hombres actúan como los bravucones en su escuela. Sandra sabe que los bravucones se alimentan del miedo. Así que Sandra decide tratarlos como trata a sus estudiantes bravucones, con confianza y lógica.

—No. Mi destino es lo que yo hago. Ustedes no tienen ningún poder aquí. Aquí los que mandan son los dioses de Xibalbá. No les importa quién hace el sacrificio, ellos viven del sufrimiento. Ninguno de nosotros llegará a nuestros destinos si nos quedamos aquí —dice Sandra, tomando control de la situación.

Mientras habla, manos salen del río y agarran la tierra. Jalan cuerpos parcialmente deteriorados del agua roja. Uno de los hombres chilla y ataca un cuerpo con su cuchillo. El cadáver sigue moviéndose. Por fin Gabriel habla:

—Yo la escucharía. Es la mejor esperanza de salir de aquí que tenemos. Si la matas, todos estamos perdidos.

—¿Adónde vamos entonces? —dice el supuesto líder del grupo, guardando su cuchillo.

—Primero, sería buena idea movernos de la orilla del río de muerte —empieza Sandra.

Cuando están más seguros, Sandra observa la caverna. Es grande y está cubierta de una luz rosa. Dentro de la caverna, hay entradas a otras cuevas y túneles. Ahora solo tiene que seleccionar el sendero correcto.

—Gabriel, ¿puedes pasarme la mochila, por favor? —pregunta Sandra.

—Espera. ¿Qué hay en la mochila? —cuestiona el hombre.

—Nada mortal. Solo hay un libro que necesito —responde Sandra.

Gabriel le pasa la mochila y Sandra saca el libro mojado. Las páginas están en malas condiciones, pero Sandra las pasa con cuidado hasta que llega a la sección que quiere.

—Xibalbá está dividida en casas. Cada casa tiene algún truco. Al principio crees que encontraste algo bueno, pero la decepción viene rápido —explica Sandra.

—¿Entonces, cómo salimos? —pregunta el hombre.

—Tenemos que pasar por las casas y evitar los trucos —dice Sandra.

—Suena fácil —dice uno de los hombres con bravura. Sandra se ríe.

—Los dioses de Xibalbá no hacen nada fácil. Las únicas personas que ganaron a los dioses de Xibalbá fueron los héroes gemelos —dice Sandra.

—¿Cómo salieron ellos? —pregunta otro hombre.

—Fueron pulverizados y luego resucitaron. No creo que tengamos esa opción —dice Sandra de forma realista.

—¿Pero tu crees que el libro tiene la respuesta? —cuestiona el líder.

—Ha sido correcto hasta ahora. No tengo por qué dudarlo —declara Sandra, volviendo a las páginas. 

Levanta la vista y mira las cuevas al otro lado del río. No ve manera de cruzar el río, así que dirige su atención a las tres cuevas más cercanas. Una cueva emite una luz roja, otra una luz azul y la tercera es completamente negra, como si absorbiera toda la luz a su alrededor.

Sandra identifica el tercer túnel como la casa de la melancolía. En esa casa personas se sienten deprimidas y sin esperanza, exactamente como ella se sintió cuando pasó por allí con Gabriel.

La cueva con la luz roja será la casa de fuego. Tiene un suelo de lava fundido. Respirar el aire allí quema los pulmones. La cueva con la luz azul será la casa de hielo. Es tan fría que las personas se congelan en un instante. De las dos opciones, Sandra cree que tienen mejores probabilidades en la casa de hielo. Cierra el libro y lo devuelva a la mochila.

—Vamos a pasar por la casa de hielo. Tenemos que quedarnos en un grupo. Si nos quedamos cercanos, el calor de nuestros cuerpos nos ayudará a sobrevivir. Tómense las manos —dice Sandra, tomando la mano de Gabriel y la de uno de los hombres.

Cuando pasan por la entrada, un viento helado choca con sus caras. Sandra se acerca más a Gabriel, pero no puede evitar los escalofríos que atacan su cuerpo. Pronto, todos en el grupo tiemblan de frío.

—Hay… que moverse… más… rápido —dice Sandra por dientes castañeantes.

El grupo se acerca más y se acelera un poco. Por toda la cueva hay cuerpos completamente congelados. Unos están sentados en el suelo. Otros están en varias posiciones de caminar. Un cuerpo está en la posición de correr, con un solo pie congelado al suelo.

Los dientes de Sandra castañetean tanto que cree que se van a caer de su cabeza. Por fin ve un cambio en la luz. ¡Están llegando a una salida!

El grupo tiembla y camina a la salida de la casa de hielo. Cuando salen, Gabriel abraza a Sandra y ella está agradecida por el calor de su cuerpo fuerte.

De repente, uno de los hombres grita en dolor.

—¡Algo me atacó! —chilla. Todos ven un corte en su brazo.

—La casa de cuchillos —susurra Sandra.

Como si fueran llamados, cuchillos aparecen volando por el aire. Los hombres miran sus hojas afiladas con miedo, pero Sandra no tiene miedo. Estaba esperando llegar a la casa de cuchillos. Respira profundamente y baila.

Sandra recuerda los pasos de la danza que su abuela le enseñó cuando era niña. Practicaba todos los días por semanas. Su abuela dijo que era la danza de sus ancestros, una danza sagrada y especial. Según el libro, es el baile que los salvará.

Los cuchillos vuelan en su dirección, pero pasan alrededor de ella y su danza. Otro hombre grita, pero Sandra lo ignora. No puede romper su concentración. Siente a Gabriel detrás de ella. Está copiando sus movimientos. Poco a poco los otros hombres también la copian. 

Los movimientos de Sandra son exactos y elegantes. Ella se mueve por la cueva y los cuchillos no la tocan. Los hombres detrás de ella son torpes en su danza, pero se quedan cerca de ella y es suficiente.

Llegan al otro lado de la cueva y encuentran la salida. Con un suspiro de alivio, Sandra deja de bailar. Por su sorpresa, Gabriel la besa.

—¡Nos salvaste! Sabía que eras especial —le dice.

—No estamos a salvo todavía, hay muchas casas en Xibalbá y… —Sandra no termina su pensamiento. Sus palabras se cortan cuando un murciélago enorme aparece y le arranca la cabeza a uno de los hombres malos.

El fin.

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Simple Stories in Spanish: La aventura de la vida, parte 5

Season 10, episode 28

Previous chapters of La aventura de la vida include: Parte 1 , Parte 2, Parte 3, Parte 4

Sandra barely escaped death in an underground river. Now she and Gabriel must find their way out. Each twist and turn of the dark caverns brings them deeper into the underworld. 

This story is in the third person and present tense, with some present subjunctive and other verb forms used as needed to tell the story. Important vocabulary in the story includes: “oscuridad” (darkness),“susurrar” (to whisper), “conocimiento” (knowledge), “escalofriante” (scary), and “calaveras” (skulls).

La aventura de la vida, parte 5

—Sandra…Sandra, ¿me escuchas?

Sandra siente las manos de Gabriel sacudiéndola. Su mente no quiere enfocarse. Se dobla a un lado, tose y vomita agua. Limpia su boca con la mano. Abre los ojos, pero no ve nada. Está en completa oscuridad. Es escalofriante.

«Estoy en Xibalbá —piensa— ¿pero estoy aquí de visita o permanentemente?»

—¿Sandra? —la voz preocupada de Gabriel se repite. Sandra mueve la cabeza en la dirección del sonido.

—¿Gabriel? —dice con voz ronca. Escucha un suspiro y Gabriel la abraza con fuerza.

—Pensé que te había perdido —susurra.

El cuerpo caliente de Gabriel confirma que Sandra no está muerta; está viva. Tiene ganas de llorar, pero no puede perder la cabeza. Necesita salir de allí.

—¿Dónde estamos? —pregunta Sandra.

—No sé. Cuando salí del agua, no lo investigué; solo me importaba no perderte. Metí las manos en el río para agarrarte cuando pasabas —dice Gabriel.

—Gracias por salvarme la vida —susurra Sandra. La corriente eléctrica que sintió en el cenote vuelve con fuerza.

—Es mi culpa que estés en esta situación, y te prometo que saldremos de aquí  —responde Gabriel.

Sandra quiere confiar en él, pero la verdad es que no sabe nada de Gabriel. Puede estar mintiendo. Se mueve fuera de los brazos cálidos de Gabriel. Ella todavía tiene su mochila, y aunque está completamente mojada, tal vez haya algo que pueda ayudarlos.

Abre la mochila en la oscuridad y palpa el contenido. El libro está encima. Pone el libro mojado a un lado y remueve otras cosas: el celular y cargador, una chamarra, una botella vacía y una bolsa de cosméticos. Cuando levanta la bolsa de cosméticos, recuerda que es impermeable y que contiene las llaves de su coche, y en su llavero hay una minúscula linterna.

Saca la pequeña linterna de la bolsa y la enciende. La luz no es fuerte, pero ilumina la cueva lo suficiente para ver. Hay montones de huesos al lado de las paredes. Hay calaveras de animales y humanos  adyacentes a los huesos. Es una vista espantosa.

Las piedras de la cueva tienen relieves de sacrificios. Sacerdotes levantan cuchillos de obsidiana sobre los cuerpos de sus víctimas. Serpientes saltan de las imágenes, representando la sangre derramada.

—¡Mira! —exclama Gabriel. Tiene la mochila de Sandra en una mano y el libro en la otra. Levanta el libro para que Sandra lo vea. En la tapa hay un relieve de un jaguar con la boca abierta. Sandra sigue el dedo de Gabriel y ve el mismo relieve en la pared, por encima de una puerta.

—Imagino que encontramos la ruta —dice Sandra. Siente una sensación de terror en el estómago, pero ¿qué más puede hacer? No quiere volver al río subterráneo. No tiene otra opción que pasar debajo del jaguar.

Sandra y Gabriel caminan por un pasillo. Hay calaveras montadas en la pared. Las calaveras parecen girar para mirarlos mientras pasan. Sandra cree que las calaveras susurran. Escucha sus advertencias de peligro y sufrimiento. Entre las voces y el aire frío y húmedo, Sandra no deja de temblar.

—¿Estás bien? —pregunta Gabriel. Sandra no quiere parecer paranoica y asiente.

—Solo tengo frío —responde.

De repente, la linterna se apaga y Sandra y Gabriel quedan absortos por la oscuridad. Sandra sacude la linterna y trata de encenderla, pero no pasa nada.

La oscuridad es opresiva. Sandra no puede ver nada. Las voces de las calaveras vuelven más fuertes. Hablan de torturas y desesperación. Extiende las manos para encontrar la puerta y tocar algo, pero no encuentra nada. Siente molesta y enojada.

—¿Qué pasa con la linterna? —pregunta Gabriel, molesto.

—No sé. No se enciende —responde Sandra, frustrada. Su mente se llena de enojo contra el hombre a su lado. Tiene ganas de empujarlo y salir corriendo.

Hasta el aire de la oscuridad es opresivo. Sandra siente una depresión fuerte y casi no puede respirar. Pensamientos de fracaso llenan su cabeza. Siente que nunca va a salir, que su vida se ha terminado. Escucha risas y voces burlonas. Sus pensamientos se vuelven tan oscuros como el aire. ¿Cómo van a salir de allí si no pueden ver nada? ¡Van a morir en la tierra de los muertos! Ella entra en pánico y empieza a hiperventilar. 

En la oscuridad, dos brazos toman a Sandra y la estrechan contra un cuerpo cálido y fuerte. 

—Sandra, respira conmigo —dice la voz tranquila de Gabriel. Sandra se enfoca en su respiración. Inhala y exhala al ritmo del pecho de Gabriel. Los pensamientos de desesperación empiezan a desaparecer mientras su mente se tranquiliza.

—Gracias —murmura Sandra en el pecho de Gabriel. Se siente mucho más calmada.

—Está bien. Yo escuché las voces también —admite Gabriel.

—Tenemos que salir de aquí o me volveré loca —dice Sandra.

—Si no te vuelves loca enseñando a un salón de niños de doce años, creo que puedes mantener la calma aquí en esta cueva —dice Gabriel.

Sandra sonríe. Piensa en las loquerías de sus estudiantes y en las frases tontas que adoptan cada año. Gabriel tiene razón. Solo necesita enfocarse y no perder la cabeza.

—Necesitamos encontrar el tesoro y salir de aquí —dice Sandra con resolución.

—Exacto. ¿Tienes idea de cómo hacerlo? —pregunta Gabriel.

—¿Tú me forzaste a venir en esta aventura y ahora quieres que yo la guíe? ¿No tienes un plan? —responde Sandra, incrédula.

—La única pista que tenía era el trono del jaguar en Chichén Itzá. Por eso te necesito. Tienes más conocimiento de los mayas que yo —dice Gabriel.

—Hay muchísimos maestros de español en el mundo con conocimiento de los mayas. Ni mencionar todas las personas que viven aquí en México o Guatemala con conocimiento propio. ¿Por qué yo? —inquiere Sandra.

—Eres especial. Y solo tú tienes este libro —dice Gabriel. En la oscuridad, Sandra siente el libro en la mano de Gabriel. No comprende completamente el razonamiento de Gabriel, pero no quiere discutir más. Quiere salir de allí. Piensa en el libro y en todas las posibilidades de su situación.

El libro fue un regalo de su abuela. A su abuela le gustaba contar las leyendas mayas. Varias hablaban de Xibalbá y de la conexión entre la vida y la muerte. Antes de su viaje, su abuela le dio el libro. En el libro, un joven guerrero enamorado es sacrificado en el altar de El Castillo en Chichén Itzá. Llega a Xibalbá, pero quiere volver al mundo de los vivos y su amor. 

Encuentra a otro muerto, un rey con un tocado de jaguar en la cabeza. El rey jaguar guía al guerrero por los salones que prueban su valentía y honor. Sandra no ha terminado el libro todavía, pero un pensamiento escalofriante entra su cabeza.

Tranquiliza su mente y su cuerpo y busca ciertas sensaciones. Después de unos segundos, huele metal y putrefacción en el aire. No quiere moverse en esa dirección, pero otra vez, no hay otra opción.

Toma la mano de Gabriel y lo guía por la oscuridad hacia el olor. Con cada paso, el olor se vuelve más fuerte y el terror crece en su interior. Por fin ven una luz roja en la distancia.

Sandra y Gabriel salen de la cueva oscura de desesperación y entran a una caverna alta cubierta de luz rosada. Un gran río divide la caverna. Gabriel se acerca al río para investigar, pero Sandra lo agarra.

—¡No te acerques! —advierte, al mismo tiempo que un brazo blanco se levanta del agua y agarra el pie de Gabriel. Jala con una fuerza increíble, pero Gabriel se escapa.

No es cualquier río. Está lleno de sangre y cuerpos. Es el río de los sacrificados que corre por el corazón de Xibalbá.

De repente, tres figuras salen de la oscuridad. ¡Son los hombres malos que los persiguen! Llevan cuchillos de obsidiana en las manos. Sandra mira entre ellos y el río de sangre. Literalmente, está entre la muerte y la muerte.

El fin.

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Simple Stories in Spanish: La aventura de la vida, parte 4

Season 10, episode 27

Previous chapters of La aventura de la vida include: Parte 1 , Parte 2, Parte 3

Sandra and Gabriel have fallen through the floor of the grand pyramid of Chichen Itzá, El Castillo. After solving puzzles and more falling through the pyramids below El Castillo, they have found themselves in a cenote, or underground lake. How will they make it out of this situation before the evil men chasing them catch up? Does Sandra know anything that can help them? 

This story is in the third person and present tense, with other verb forms used as needed to tell the story. Important vocabulary in the story includes: “río” (river),“una corte” (a cut), “jalar” (to pull), “muerte” (death), and “el inframundo” (the underworld).

La aventura de la vida, parte 4

Sandra no lo puede creer. Está nadando en el agua fría de un cenote debajo de la pirámide de El Castillo en Chichen Itzá. Debería estar nadando en el agua tibia del océano en una playa de Costa Rica, pero no. Un hombre la empujó de un avión, la llevó a Chichen Itzá, subió a El Castillo – ilegalmente – y luego cayó no por una, sino por tres pirámides para terminar en un lago subterráneo.

Sandra ya está cansada y sabe que no puede nadar por mucho tiempo, especialmente con su hombro cortado. Usa la poca luz que entra al cenote por los huecos de las pirámides para buscar una saliente en la cueva. Por fin encuentra una roca lo suficientemente grande para sentarse fuera del agua.

Mientras descansa, escucha. Rocas caen en el agua y las voces de los hombres malos llegan desde muy lejos. Sandra no sabe cuánto tiempo tienen hasta que los alcancen. ¿Dónde está Gabriel? Es muy difícil ver y Sandra no sabe si los sonidos que escucha son de él o de otras criaturas acuáticas que viven en las aguas profundas y oscuras de los cenotes.

—¡Gabriel! —susurra Sandra. No quiere gritar porque no quiere que los hombres malos los escuchen. No hay respuesta. Sandra empieza a preocuparse. ¿Está bien? ¿Sabe Gabriel nadar? ¿Se pegó en la cabeza y ahora se está ahogando en el cenote? ¿Qué va a ser de ella ahora?

—¡Gabriel! —susurra Sandra un poco más alto con pánico en su voz.

—Estoy aquí. Ya vengo —responde Gabriel y Sandra suspira en alivio. El hombre guapo llega a la saliente donde Sandra está sentada. Se levanta fácilmente del agua y aun en la poca luz Sandra nota los músculos definidos de sus brazos.

—Todavía estás sangrando —dice Gabriel, indicando el hombro cortado de Sandra. No es una corte profunda, pero le duele mucho. Sin una palabra, Gabriel se quita la camiseta y la usa para vendar el hombro de Sandra.

—Gracias —susurra Sandra y la palabra se queda en el aire entre ellos como electricidad. Gabriel es muy guapo y su manera cariñosa tiene un efecto a Sandra. Pero Gabriel también es la razón por la que Sandra está atrapada en un cenote en vez de disfrutando sus vacaciones en la playa.

—¿Qué hacemos ahora? —le pregunta Sandra, su gusto por Gabriel rápidamente reemplazado por el disgusto cuando recuerda la situación en que están metidos.

—Buena pregunta. ¿Qué dice tu libro? —responde Gabriel.

Sandra casi se había olvidado del libro. Todavía no comprende cómo un libro de ficción puede ayudarles a encontrar un tesoro de verdad, pero no vale la pena discutir en ese momento. Además, el libro dice que hay un cenote debajo de El Castillo, y ella puede verificar esa información ahora.

Aún no ha terminado el libro, pero leyó un poco mientras se escondían del guardia en las ruinas de Chichen Itzá. Había un sacrificio en el altar de El Castillo para Chaac, dios maya de la lluvia. El rey miró la ceremonia desde su trono, un jaguar verde con manchas y ojos de jade – otro detalle verdadero del libro.

—El libro menciona que El Castillo es un lugar sagrado. No solo es un lugar para llegar a los dioses, sino también un lugar para llegar al más allá, a la tierra de Xibalbá —dice Sandra.

—¿Xibalbá? ¿El dios de la muerte? —pregunta Gabriel.

—No. Xibalbá es un lugar, no una persona. El dios de la muerte tiene muchos nombres, pero el más común es Ah Puch. Hay múltiples dioses en Xibalbá y son maliciosos y manipuladores. Les gusta jugar con la gente, como los gemelos del Popol Vuh, pero ese es otro cuento —dice Sandra.

—¿Entonces, el altar está más cerca del cielo, conectando con los dioses allá y el cenote está más cerca del más allá, conectando con Xibalbá? —aclara Gabriel.

—Más o menos. Los mayas creen que los cenotes son lugares sagrados en parte porque creen que son entradas a Xibalbá. El libro dice que El Castillo tiene mucha importancia porque es un axis mundi, el centro del mundo conectando la tierra con el cielo y el inframundo. Además, los jaguares y serpientes son animales sagrados del inframundo y hemos visto muchas representaciones de ellos en las pirámides de El Castillo —explica Sandra.

—¿Qué mejor lugar para esconder el tesoro del jaguar que en el inframundo? —dice Gabriel con una sonrisa. Gabriel solo tiene una misión en esta aventura: encontrar el tesoro mítico del Rey Jaguar. Cuando tiene el tesoro, Sandra puede ir a casa y volver a su vida normal. Sandra ignora los presentimientos de peligro en su cabeza y sigue hablando.

—Según el libro, hay tres ríos que entran al cenote y solo uno que sale. Ese río va hacia Xibalbá.

—Pues, ¿a qué esperamos? —comenta Gabriel, entrando al agua.

—El río es subterráneo. Podríamos morir —dice Sandra, preocupada.

—Podríamos morir aquí también cuando llegan esos hombres —replica Gabriel. Tiene razón.

Sandra entra al agua fría y los dos se mueven por el borde del lago. Sus ojos se han ajustado a la poca luz, pero usan más su sentido del tacto para buscar el río subterráneo. Pequeños peces nadan alrededor de sus piernas. Llegan a un lugar y Sandra nota un cambio en el movimiento del agua. Gabriel lo nota también. Pero el agua está entrando, no saliendo, así que siguen buscando la salida.

Han recorrido un tercio del cenote cuando escuchan un grito y algo grande cae en el agua. ¡Es uno de los hombres malos! Sandra mira a Gabriel con miedo en los ojos. 

—No podemos parar ahora —susurra Gabriel en respuesta.

Se mueven con más urgencia mientras otro hombre cae al agua. Encuentran otro río entrando al cenote. Sandra está agotada. Le duelen mucho los brazos, especialmente su brazo herido.

Un tercer hombre cae al agua. Ahora todos están en el cenote. Se dividen para encontrar más rápido a Sandra y Gabriel. Sandra reza a cualquier dios que la escuche para que salgan de allí.

—Creo que lo encontré —dice Gabriel. Su voz es tan baja que Sandra casi no lo oye. Desaparece bajo el agua por unos segundos y cuando regresa tiene una gran sonrisa—. El agua se mueve más rápido. Lo voy a inspeccionar. Si no vuelvo en 30 segundos, sígueme. 

Gabriel desaparece de nuevo y Sandra empieza a contar mientras ajusta sus manos en la pared del cenote. Cuando lo hace, una roca cae al agua.

—¡Están por allí! —grita uno de los hombres. Sandra mira con horror mientras tres hombres nadan rápidamente en su dirección.

Sandra llega a veinte. Gabriel todavía no ha vuelto y ella no puede esperar más. Respira profundamente, llenando sus pulmones y desaparece debajo del agua.

Siente la corriente fuerte del agua saliendo del cenote. Entra a la pequeña cueva con los pies primero y deja que el agua la transporte. Tiene muchas ganas de abrir la boca y tomar aire, pero no hay aire para tomar. El agua se mueve rápido, pero no la golpea contra las paredes de la cueva.

Los pulmones de Sandra arden y no sabe cuánto más puede aguantar la respiración. Su cuerpo se siente pesado. El frío del agua penetra en sus huesos. El agua la está jalando a su propia muerte. Qué ironía pensar que entró al río hacia Xibalbá por su propia voluntad.

Justamente cuando Sandra decide seguir el deseo mortal del río de muerte, dos manos fuertes agarran sus brazos y la jalan del agua. Ella está a salvo…por ahora.

El fin.

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Simple Stories in Spanish: La aventura de la vida, parte 3

Season 10, episode 26

Previous chapters of La aventura de la vida include: Parte 1 , Parte 2

Sandra and Gabriel are hiding out in one of the may ruins of Chichen Itzá so they can climb El Castillo and enter the temple. Of course, finding the treasure of the Jaguar King won’t be so easy as Sandra quickly finds out.

This story is in the third person and present tense. Important vocabulary in the story includes: “corazón” (heart),“rugido” (roar), “empujar” (to push), “jade” (jade), “calavera” (skull), “escalofrío” (shiver), and “relieve” (relief, stone art carving in the wall).

La aventura de la vida, parte 3

Sandra y Gabriel se miran en la sombra de las ruinas de Chichen Itzá. Todavía hace sol y no quieren subir a El Castillo cuando los guardias pueden verlos. Se sientan en silencio y Sandra piensa en su situación. Todavía no puede creer que está en esta situación. Solo quería unas vacaciones tranquilas en la playa, no una aventura peligrosa rompiendo las leyes en México.

Cuando está oscuro, Gabriel se levanta y mira a su alrededor. Es hora de cometer su crimen. Caminan con cuidado de su escondite hacia la gran pirámide. Hay un guardia caminando por el campo.

—¿Cómo vamos a subir los 91 (noventa y un) escalones sin que nos vea? —pregunta Sandra.

—¿Hay 91 escalones? —Gabriel responde a su pregunta con otra pregunta.

—Sí. Cada lado tiene 91 escalones. 91 por 4 (cuatro)son 364 (trescientos sesenta y cuatro), más la parte superior son 365, igual que el número de días en un año según el calendario maya —explica Sandra.

—No sabía eso. Eres una gran maestra —dice Gabriel, impresionado.

—¿Vas a contestar mi pregunta? ¿Cómo vamos a subir sin ser notados? —se repite Sandra.

—Cuando el guardia se va, corremos —dice Gabriel con una sonrisa. Sus dientes blancos reflejan la luz de la luna.

—Qué buen plan —dice Sandra sarcásticamente.

Esperan unos minutos y el guardia se mueve a otra área del parque arqueólogo. Sandra y Gabriel corren con cuidado y llegan a la pirámide. Sandra tiene mariposas en el estómago y adrenalina en sus venas. Sabe que no debe subir la pirámide, pero al mismo tiempo siente la tentación de tocar El Castillo.

—Ahora —susurra Gabriel y empieza a escalar la pirámide. Sandra lo sigue. Escalan gateando para ser menos visibles. Gracias a los dioses, una nube cubre la luna y les da más protección.

Sandra está sudando cuando llegan al salón en la parte superior de la pirámide. Se sienta para controlar su respiración. La luna sale de las nubes y su luz se filtra por el espacio. Aunque la luz no es fuerte, Sandra puede ver una estatua de un hombre reclinado con las manos encima de su estómago, listas para recibir un regalo. Es Chac Mool, dios de la lluvia. Sandra camina hacia la estatua y toca las manos de Chac Mool. En el tiempo de los mayas, estas manos recibieron los corazones de los sacrificados, corazones que cortaron de cuerpos vivos con cuchillos de obsidiana. Un escalofrío pasa por su cuerpo al pensar en el número de corazones que pasaron por este altar.

Gabriel está concentrado en el trono del jaguar. Es rojo con círculos verdes. Los círculos son de jade. La boca del jaguar está abierta, mostrando cuatro colmillos. 

—Guau —es todo lo que puede decir Sandra. El jaguar es fascinante.

—Guau es correcto —dice Gabriel, con los ojos brillando. Toca el jade con reverencia, pero también como si buscara algo.

—Guau no es suficiente —dice una tercera voz y Sandra y Gabriel voltean para ver al hombre del avión. Dos hombres más aparecen a su lado.

—¿Qué hacen aquí? —pregunta Sandra.

—Vinimos a hacer un sacrificio a Kukulcán —responde el hombre. Después de sus palabras, los hombres a su lado se mueven hacia Sandra y le agarran los brazos. El hombre del avión levanta un cuchillo de obsidiana dirigido a su pecho.

De repente, el rugido de un jaguar llena el templo. Los hombres se distraen buscando la fuente del sonido y Sandra usa la distracción para pisar fuerte el pie de uno y morder la mano del otro. El hombre con el cuchillo ataca y corta su hombro. Sandra grita de dolor y corre hacia Gabriel, al otro lado del trono del jaguar.

Gabriel tiene la pequeña estatua de jaguar que había comprado a un vendedor más temprano cuando visitaron las ruinas. Cuando sopla por un hueco, hace el rugido de un jaguar.

Los tres hombres siniestros caminan hacia Sandra y Gabriel. Sandra tiene miedo. No quiere terminar sus vacaciones como un sacrificio a los dioses. Sabe que era un honor para algunas personas, pero ella todavía tiene mucha vida por delante.

—¿Tienes algo más para defendernos que esta cabeza de jaguar? ¿Dónde está el movimiento mágico que usaste en el avión? —pregunta.

—Tengo algo más mágico —dice Gabriel. Aun en esta situación peligrosa, Sandra ve una sonrisa.

Gabriel rompe la camiseta ensangrentada del hombro de Sandra y la pone en la boca abierta del jaguar rojo. Luego, sopla por la estatuilla en sus manos. El rugido del jaguar llena el templo de nuevo, pero esta vez, el piso debajo de sus pies tiembla. 

—¿Qué está pasando? —grita Sandra.

Las rocas caen y los tres hombres se mueven hacia la entrada mientras Sandra y Gabriel agarran el trono del jaguar. De repente, todo el piso debajo del trono del jaguar se abre y Sandra y Gabriel caen.

—¡Uf! —exclama Gabriel cuando aterriza. Sandra le cae encima poco después. 

—¿Estás bien? —pregunta, tocándola con cuidado.

—Tengo un corte en mi hombro y acabo de caer más de seis metros. ¿Cómo crees que estoy? —responde Sandra, enfadada. Se mueve a un lado y Gabriel extraña el peso de su cuerpo, pero no puede pensar en eso. Los hombres van a bajar y necesitan moverse rápido.

Se levanta y prende una linterna. Como sospechaba, están en otro templo. Sandra dijo que El Castillo estaba construido sobre otros templos, y ella tenía razón. 

Hay varios relieves en las paredes. Los mayas no tenían una lengua escrita y compartían sus historias con arte. Los relieves muestran sacrificios. Serpientes salen de los pechos de los sacrificados y los sacerdotes levantan corazones y cuchillos en el aire.

De repente, Sandra chilla. Gabriel mueve la luz para ver la causa y nota restos humanos en el suelo. Debajo de los huesos, nota algo más en el piso. Es un relieve de Kukulcán. Gabriel no está sorprendido. El Castillo es el templo de Kukulcán, uno de los dioses más importantes para los mayas. Es un dios de creación, asociado con el viento, las tormentas y la vida.

Gabriel mueve los huesos para ver mejor el relieve. El cuerpo serpentino de Kukulcán forma un círculo, su cabeza en el centro con la boca abierta. Los ojos de la serpiente están vacíos y Gabriel tiene una idea. 

El trono del jaguar está en buenas condiciones considerando su caída. Basado en su inspección anterior, Gabriel sabe exactamente qué rocas de jade están sueltas. Toma las dos rocas y las pone en los huecos de los ojos de Kukulcán.

Otra vez, el suelo tiembla y rocas caen. Sandra se pega a una pared y Gabriel la cubre con su cuerpo para protegerla. Aunque no quiere admitirlo, Sandra está agradecida por la protección. 

Cuando los temblores terminan, Sandra se atreve a abrir sus ojos. Ve los ojos oscuros de Gabriel mirándola fijamente y siente una corriente eléctrica correr por su cuerpo. No dura mucho tiempo porque Gabriel voltea para ver el hoyo que se abrió en el suelo.

La caída al tercer templo no es tan alta. Gabriel salta abajo primero y ofrece su mano a Sandra para ayudarla. Ella ignora la ayuda. Necesita tener cuidado con este hombre o va a perder su corazón figurativamente.

Hay movimiento arriba y Sandra está preocupada. Sabe que los hombres malos van a bajar a este salón y está ansiosa por salir con vida. Inspeccionan el espacio y ven muchas calaveras. Unas solo son relieves en la roca, pero otras son muy reales.

Basándose en los otros dos templos del Castillo, Sandra sabe que necesitan mover algo o hacer algo para abrir el suelo. Busca pistas, pero es difícil en la oscuridad. Gabriel empieza a tocar las calaveras en la pared. Las empuja como si fueran botones de un elevador. Sandra decide copiarlo. Ve una calavera con un jaguar encima y una serpiente debajo, y la empuja. La roca se mueve un poco.

—¡Gabriel! Creo que hay algo aquí —dice.

Gabriel camina hacia el relieve y lo toca con reverencia. Luego empuja. La roca se mueve un poco más. Ambos Sandra y Gabriel empujan contra la calavera decorada. De repente, la puerta se abre y los dos caen en un tobogán dentro de la pared.

Sus caras y brazos rompen telarañas mientras caen por el tobogán. Dan vueltas y chocan contra rocas, pero todavía siguen cayendo. Cuando Sandra piensa que ya no puede más, el tobogán termina y los dos caen en el agua fría de un cenote.

El fin.

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Simple Stories in Spanish: La aventura de la vida, parte 2

Season 10, episode 25

Previous chapters of La aventura de la vida include: Parte 1

On her way to Costa Rica, Sandra was pushed out of a plane and instead landed with a handsome stranger, Gabriel, in the Yucatan peninsula. Gabriel claims he needs Sandra’s help to find the treasure of the Jaguar King. His searching brings them to the ruins of the Mayan city Chichen Itzá.

This story is in the third person and present tense. Important vocabulary in the story includes: “tesoro” (treasure),“coquetear” (to flirt), “jalar” (to pull), and “trono” (throne).

La aventura de la vida, parte 2

Sandra mira las olas chocar contra la playa en Costa Rica. El sol calienta su cuerpo. Está muy tranquila y feliz. Es la vacación perfecta.

De repente, el cielo se pone oscuro. El océano ahora es turbulento. Una ola enorme se levanta y cae encima de Sandra. La ola jala a Sandra y la arrastra al mar. Sandra grita. Una mano agarra su brazo y Sandra lucha contra el enemigo.

Sandra se levanta del sueño desorientada. No está en el agua, ni en Costa Rica. Después de un rato, todo el día anterior vuelve a su memoria. Está en una casa abandonada en la jungla del Yucatán, en México, con un hombre desconocido que saltó con ella de un avión. Mira la mano de Gabriel en su brazo.

—¿Tuviste una pesadilla? Estabas gritando —dice Gabriel.

—Dijiste que me explicarías por qué estoy aquí —responde Sandra ignorando la pregunta. Mueve su brazo de la mano de Gabriel.

—Primero comemos —dice Gabriel. Le da una barra de granola y la mitad de un mango. Sandra tiene hambre y acepta la comida sin quejarse. La barra de granola no es nada especial, pero el mango es la fruta más dulce y rica que ha comido en su vida.

—Hemos comido. Dime ya. ¿Qué está pasando? ¿Por qué estoy aquí? —demanda Sandra.

—Busco algo y creo que me puedes ayudar —responde Gabriel.

—¿Qué buscas? ¿Y cómo puedo ayudar? Ya te dije, no soy nadie especial —pregunta Sandra.

—No diría que no eres especial. Te ves excepcional —dice Gabriel con una sonrisa coqueta. Sandra responde con un suspiro frustrado y Gabriel continúa—. Busco el tesoro del Rey Jaguar.

—¿El Rey Jaguar? ¿Como en mi libro? —pregunta Sandra.

—Sí. 

—Pero mi libro es un libro de ficción. No había un Rey Jaguar ni un tesoro. Es un mito, no es realidad —dice Sandra, frustrada con la estupidez de Gabriel.

—Todos los mitos tienen base en la realidad. He encontrado varios tesoros que decían que no existían —dice Gabriel.

—¿En serio? ¿Entonces por qué no te reconozco? ¿No serías famoso por tus hallazgos, como un verdadero Indiana Jones? —observa Sandra sarcásticamente.

—No lo hago por la fama —dice Gabriel.

—¿Y si no te quiero ayudar?

—Caminaré contigo al próximo pueblo. Tienes tu mochila con tu cartera y pasaporte. Puedes volver a casa o Costa Rica y continuar con tu vacación, suponiendo que los hombres del avión no te encuentren —contesta Gabriel.

Sandra piensa en el siniestro hombre del avión y luego en el hombre guapo que tiene en frente. Aunque no conoce bien a Gabriel, su instinto le dice que no le hará daño. 

—¿Cuál es tu plan? —pregunta Sandra. Gabriel sonríe. Es aún más guapo cuando sonríe.

—Creo que el tesoro está en una de las ruinas mayas en la península de Yucatán. Pienso empezar con la más famosa —responde Gabriel.

—Chichén Itzá. 

—Eres inteligente además de hermosa —dice Gabriel con otra sonrisa. Nadie ha coqueteado con Sandra en tanto tiempo que no sabe cómo responder. Se sonroja y aclara la garganta.

—Pues, ¿qué esperamos? Cuanto más pronto encontremos el tesoro, más pronto podré volver a mis vacaciones.

Dos horas después están en un autobús rumbo a Chichén Itzá. Sandra lee su libro, aunque ahora no lo trata como ficción: lee buscando pistas para encontrar el supuesto tesoro. Gabriel duerme a su lado. De vez en cuando, Sandra mira a Gabriel. Realmente es guapo. Su pelo oscuro es un poco rizado. Su piel de color caramelo es suave. Parece musculoso. «Pero me empujó de un avión», piensa Sandra, y vuelve su atención al libro.

Llegan a la entrada de Chichén Itzá. Hay un montón de gente porque es domingo y los domingos los ciudadanos mexicanos no tienen que pagar para entrar. Sandra y Gabriel pagan y entran. Pasan por puestos de artesanías y llegan al gran templo, El Castillo.

—¡Es maravilloso! —exclama Sandra. 

—Por eso es una de las siete maravillas modernas del mundo —dice Gabriel.

—La arquitectura es tan impresionante. ¿Sabías que en el solsticio el sol aparece perfectamente en la escalera, terminando en la cabeza de serpiente en la base y dando la apariencia de una gran serpiente? Es el dios maya Kukulcán. Además, el templo está construido encima de múltiples templos, como una muñeca rusa, uno sobre otro —explica Sandra.

—¿Y sabías que en uno de los cuartos del templo hay un trono de jaguar? Es rojo con ojos y manchas de jade. Necesitamos entrar allí. Creo que el tesoro está debajo del trono —dice Gabriel. 

—No es posible. Nadie puede subir al templo. Está muy vigilado. Además, si hubiera un tesoro debajo del trono, ¿no crees que ya lo habrían encontrado? —responde Sandra, dudosa.

—Yo tengo algo que los arqueólogos no tienen —dice Gabriel mirando a Sandra. Ella no comprende.

—Pues, ¿cuál es tu plan? Te van a atrapar antes de pisar un solo escalón —dice Sandra.

—Mi plan ahorita es ser turista —dice Gabriel. Saca una cámara desechable de su bolsillo y toma fotos. 

Sandra está confundida, pero no sabe qué más hacer, así que sigue a Gabriel por las ruinas. Visitan el Cenote Sagrado, el lugar que dio inicio a la ciudad de Chichén Itzá. Miran el gran espació donde jugaban el juego de pelota y ven los petroglifos de jugadores literalmente perdiendo la cabeza. Observan el Grupo de las Mil Columnas con su estatua lejana de Chac Mool, el dios de la lluvia. Por fin caminan al Observatorio.

Por todos lados hay gente vendiendo artesanías, ropa, mantas y más. Gabriel para en uno de los puestos y compra una estatua pequeña. Es la cabeza de un jaguar con la boca abierta pintada en colores brillantes. 

«Realmente está obsesionado con los jaguares», piensa Sandra.

El parque cierra a las cinco y las personas caminan hacia la salida. Gabriel y Sandra caminan con los demás. De repente, Gabriel jala a Sandra detrás de una pared.

—¿Qué haces? —pregunta Sandra en un susurro.

—No podemos entrar al Castillo con todos los turistas presentes, así que entraremos esta noche —responde Gabriel.

—No, yo no voy a romper la ley. Me gustaría poder volver a México algún día —dice Sandra y hace para salir.

—Es la única manera de encontrar el tesoro. ¿No te gustaría el interior del templo? —dice Gabriel, con los ojos brillantes.

Sandra está en conflicto. Quiere subir al templo, pero no quiere ser un criminal. Un guardia pasa y Gabriel y Sandra se refugian más dentro de una casa en ruinas. «Ya estoy rompiendo la ley», piensa Sandra.

—Bien. Te ayudaré —susurra Sandra. 

—Excelente. Ahora esperamos la noche —dice Gabriel con emoción.

El fin.

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Simple Stories in Spanish: La aventura de la vida, parte 1

Season 10, episode 24

Sandra is a Spanish teacher on her way to Costa Rica for a much needed vacation. But Sandra’s plans are interrupted when a handsome stranger pushes her out of the airplane over the Yucatan peninsula of Mexico. Now she is in for the adventure of her life.

This story is in the third person and present tense. Important vocabulary in the story includes: “asiento” (seat),“avión” (plane), “pasillo” (aisle), “agarra” (grab) and “refugiar” (to take shelter).

La aventura de la vida

Sandra está lista para las vacaciones. Le gusta su trabajo como maestra en una escuela secundaria, pero necesita un descanso de los estudiantes energéticos. El año ha sido estresante y Sandra quiere tiempo para relajarse. Decide ir a la playa de Costa Rica.

Todo está listo para su viaje. Tiene su pasaporte, su hotel, y su vuelo. Sandra está muy emocionada. Llega al aeropuerto con mucho tiempo. Compra un café y lee un libro mientras espera su avión.

Después de leer por un rato, Sandra pone el libro a un lado y mira a las personas. Hay parejas enamoradas que obviamente van a Costa Rica para su luna de miel. Hay grupos de amigos que van por una semana divertida. Hay familias que van con sus hijos chiquitos. Hay estudiantes que repiten palabras españolas mientras estudian. Hay pocas personas que viajan solas como ella. 

Por fin llega el tiempo de subir al avión. Sandra espera su turno con paciencia. Es una maestra y no tiene mucho dinero, así que tiene una silla en la parte de atrás del avión y es uno de los últimos en subir. Encuentra su asiento al lado de los baños y sigue leyendo su libro. Es un libro de ficción ubicado en la tierra de los mayas. 

—Los mejores asientos en un vuelo —una voz masculina interrumpe. Sandra cierra su libro y ve un hombre guapo y moreno que le habla.

—¿Crees que los mejores asientos están al lado del baño? —Sandra responde.

—Claro. No hay nadie detrás de ti para pegar tu asiento —el hombre guapo contesta y se sienta a su lado—. Soy Gabriel. ¿Cómo te llamas?

—Sandra.

—Mucho gusto, Sandra.

—Igualmente, Gabriel.

—¿Qué lees? —pregunta Gabriel indicando el libro de Sandra.

El jaguar. Es un libro de ficción histórica sobre los mayas —responde Sandra.

—Qué interesante. ¿Sabes mucho sobre los mayas, o solo lees su ficción? —pregunta Gabriel.

—Sé bastante, pero no soy experta. Soy maestra de español y enseño a mis estudiantes sobre los mayas —explica Sandra.

—¿Por qué no vas a la tierra de los mayas en vez de Costa Rica? —dice Gabriel con curiosidad.

—Porque estoy de vacaciones y solo quiero relajarme en la playa. Necesito distancia de cosas escolares. Y créeme, este libro no es educativo. Es pura ficción y entretenimiento —dice Sandra.

—Entonces, no te distraigo más de tu entretenimiento. Puedes seguir leyendo —dice Gabriel. Se pone audífonos y deja de hablar con Sandra.

Sandra abre su libro de nuevo, pero no puede enfocarse completamente. Gabriel es muy guapo y simpático. Quiere seguir hablando con él, no tiene muchas oportunidades de hablar con hombres guapos dónde vive, pero no puede pensar en un tema para agarrar su atención. Además, un hombre tan bueno como Gabriel seguramente tiene una novia en casa.

Después de estar en el avión por una hora, Sandra tiene que usar el baño. Pone su libro en su mochila. Toca el hombro de Gabriel y pide permiso para pasar. Gabriel se levanta y mueve al pasillo para que Sandra pase. Mientras usa el baño la luz de “asegurarse el cinturón” aparece para indicar que pasan por turbulencia.

«Siempre me pasa en el momento más inoportuno» piensa Sandra. Hay un ruido muy fuerte fuera de la puerta. Sandra piensa que la turbulencia es muy mala. Sandra se lava las manos rápidamente y abre la puerta para volver a su asiento, pero hay un hombre fornido e intimidante bloqueando el pasillo. 

—El baño está desocupado si lo necesitas —dice Sandra con una sonrisa nerviosa. El hombre responde con una sonrisa malvada. Levanta sus manos para agarrar a Sandra cuando Gabriel aparece detrás de él. Toca dos puntos específicos en su cuello, y el hombre se desploma. Gabriel empuja su cuerpo gigante en el baño.

—¿Qué pasa? —pregunta Sandra.

—No hay tiempo para explicar ahora. Ponte esto —dice Gabriel y le pasa su mochila.

—¿Por qué? Voy a mi asiento —dice Sandra.

—No vas a tu asiento. Vienes conmigo —dice Gabriel. Agarra a Sandra y la conecta a un arnés. Luego abre la puerta de emergencia y salta.

Sandra está en shock. Nunca ha saltado de un avión en su vida. Grita muy fuerte. Está cayéndose por el aire y tiene mucho miedo. Después de un buen rato Gabriel jala una cuerda y un paracaídas abre y reduce su velocidad hacia la tierra.

Sandra mira abajo. Hay mucha vegetación y pocas casas. ¡Van a chocar con los árboles!

—¡Levante tus pies! —grita Gabriel.

—¿Qué? —grita Sandra.

—¡Levanta tus pies! —repite Gabriel.

Sandra levanta sus pies mientras Gabriel maneja el paracaídas a un campo, lejos de los árboles. Sandra está muy aliviada cuando tocan la tierra y Gabriel la desconecta. Se levanta y empieza a correr.

—¿Adónde vas? ¡No te vayas! ¡Sandra! —grita Gabriel. Sandra no escucha, sigue corriendo, pero está débil y en shock y no corre lejos. En poco tiempo Gabriel la alcanza.

—Sandra, necesitamos quedarnos juntos —dice con calma.

—¿Por qué necesito quedarme con un hombre que me empujó de un avión? —pregunta Sandra.

—Lo hice para tu protección —dice Gabriel.

—¡¿Protección?! ¿Por qué necesito protección? No soy nadie importante. ¡Soy maestra en una escuela secundaria! ¡A nadie le importo! —grita Sandra.

—Te puedo explicar, pero primero necesitamos encontrar refugio. Saben que saltamos del avión y nos van a buscar —dice Gabriel. 

—No te sigo a ninguna parte hasta que me expliques qué está pasando —dice Sandra. Se sienta dramáticamente en una roca y se niega a moverse.

—No tenemos tiempo para esto. Créeme. Soy el hombre bueno en esta situación —dice Gabriel.

—Yo no sé eso. Tú podrías ser el hombre malvado. Necesito una razón para creerte —dice Sandra.

—Bueno, ¿pero puedo explicarlo mientras caminamos? Será muy fácil encontrarnos aquí en este campo. Necesitamos refugiarnos —dice Gabriel.

Sandra no confía completamente en Gabriel, pero confía mucho menos en el hombre grande que estaba en el avión, entonces se levanta de la roca y sigue a Gabriel.

—¿Dónde estamos? —le pregunta.

—En el Yucatán —responde Gabriel, checando una brújula.

—¿Y adónde vamos? —pregunta Sandra.

—Mientras caíamos vi una casa que parecía abandonada. Podemos pasar la noche allí y hacer un plan.

—¿Y vas a explicarme ahora qué está pasando? —pregunta Sandra exasperada.

—El hombre en el avión quería hacerte daño. Yo te rescaté —explica Gabriel.

—Esta es una explicación pésima. Nadie quiere hacerme daño. Solo soy…

—Ya sé. Solo eres una maestra de español en Lincoln Middle School en el pueblo pequeño de Aurora, Nebraska. Pasas tus días enseñando en la escuela y tus tardes leyendo en casa. Los fines de semana vas a Lincoln para visitar a Lula, tu abuela materna. Ella te regaló el libro que estabas leyendo en el avión.

—¿Cómo sabes todo eso? —pregunta Sandra asombrada.

—Necesito tu ayuda para encontrar algo. Y aparentemente, necesitas mi ayuda para seguir viva —responde Gabriel—. ¿Qué dices, Sandra? ¿Estás lista para una aventura?

El fin.

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Simple Stories in Spanish told faster: El cuaderno mágico

I originally released this episode in season 1. Here is a link to the original episode.

Some students feel that they just don’t know anything, so why even try? Perhaps they just need a little bit of motivation and confidence. Daniel is not the smartest student, but he finds inspiration through a magic notebook. Through his magic notebook, he finds a recipe for success.

This story is told in the present tense. Important vocabulary in the story includes: cuaderno -notebook, maestro -teacher, mochila -backpack, and respuesta -answer.

El cuaderno mágico

Hay un chico, se llama Daniel. Daniel tiene quince años. Daniel es alto con pelo negro y ojos café. Daniel es amable y popular. Pero Daniel tiene un problema. Daniel no es muy inteligente, es tonto. Daniel no hace bien en la escuela. Daniel tiene calificaciones terribles en todas sus clases.

Una gran parte del problema es que Daniel no pone atención en la clase. No escucha a sus maestros. Cuando sus maestros enseñan la clase, Daniel mira su teléfono. Cuando Daniel debe copiar información en su cuaderno, hace dibujos en el papel. Entonces, Daniel no aprende nada. Cuando Daniel toma un examen, no sabe la información. Daniel no sabe nada.

Los padres de Daniel no están felices. Quieren que Daniel se gradúe. Entonces, ellos dicen que Daniel necesita estudiar todas las tardes. Ellos toman el teléfono de Daniel, para no tener distracciones, y Daniel va a su dormitorio.

En el dormitorio, Daniel saca su cuaderno. Daniel no estudia. Daniel no tiene nada que estudiar. Abre el cuaderno y mira sus dibujos. Unos dibujos son excelentes. Posiblemente Daniel puede ser artista. Después de un tiempo, Daniel se cierra los ojos y duerme.

En la mañana, Daniel se prepara para la escuela. Daniel agarra su mochila. Pone cosas en la mochila para la escuela. Pone un lápiz y un saco con el almuerzo en la mochila. Pero hay un problema. Daniel no tiene su cuaderno. Daniel necesita el cuaderno. Cuando Daniel escribe en el cuaderno los maestros piensan que trabaja. Daniel busca el cuaderno en el dormitorio, pero no está. Daniel busca el cuaderno en el resto de la casa, pero no está. Por fin, Daniel mira un cuaderno azul. No es el cuaderno de Daniel, pero él no tiene más tiempo. Agarra el cuaderno y pone el cuaderno en la mochila.

La primera clase de Daniel es la clase de matemáticas. El maestro escribe unos problemas y los estudiantes copian y resuelven los problemas. El maestro mira a Daniel, entonces Daniel también copia los problemas. Cuando el maestro no mira a Daniel, Daniel mira su teléfono.

—Daniel —dice el maestro—. ¿Cuál es la respuesta de número uno?

—Ah —Daniel responde. Él no sabe. Daniel mira el primer problema en el cuaderno. Daniel está sorprendido cuando mira una respuesta al lado del problema—. ¿Es trece?

—Muy bien —dice el maestro—. Lupe, ¿qué tienes para el número dos?

Daniel no escucha la respuesta de Lupe. Daniel mira el cuaderno. Daniel escribe otro problema en el cuaderno. Después de dos segundos, la respuesta aparece. ¡Es magia!

Daniel va a todas sus clases. En las clases, escribe problemas o preguntas en el cuaderno. En todas las clases, las respuestas simplemente aparecen en el cuaderno. Daniel está muy emocionado. ¡Él tiene un cuaderno mágico!

En la casa, Daniel no está triste cuando es tiempo de estudiar, ¡está emocionado! Daniel quiere escribir más problemas y preguntas en el cuaderno y quiere ver las respuestas. Daniel está curioso. Quiere ver toda la información que el cuaderno sabe. 

El próximo día en la escuela, Daniel quiere copiar información en el cuaderno. A Daniel le gusta ver cuando las respuestas aparecen. Por todo el día, Daniel no mira el teléfono, solo mira el cuaderno. Daniel pone atención en las clases y escucha a sus maestros y escribe información en el cuaderno. 

A veces, Daniel pide ayuda de sus maestros porque no comprende la respuesta que está en el cuaderno mágico. Los maestros son pacientes y explican mucho a Daniel. 

Al fin de la semana, Daniel tiene un examen. Daniel no está preocupado – ¡tiene el cuaderno mágico! No se permite usar los cuadernos en el examen, pero Daniel tiene un plan.

El día del examen, Daniel pone el cuaderno debajo de la mesa. El maestro pasa los exámenes. Después, el maestro camina en la clase. Cuando el maestro no camina cerca de Daniel, Daniel copia una pregunta del examen en el cuaderno. Después espera. Daniel mira el cuaderno después de dos segundos, pero la respuesta no aparece. Daniel está confundido. ¿Qué es el problema con el cuaderno?

El maestro camina cerca de Daniel, entonces Daniel cierra el cuaderno y mira el examen. Mira la pregunta que copió en el cuaderno. Daniel mira la pregunta y se da cuenta que él sabe la respuesta. Daniel no necesita la respuesta del cuaderno porque tiene la respuesta en la cabeza. Daniel no necesita el cuaderno.

Daniel contesta la pregunta y mira la próxima pregunta. Daniel está al punto de copiar la pregunta en el cuaderno mágico cuando se da cuenta que sabe la respuesta otra vez. Daniel no necesita el cuaderno mágico. 

Daniel lee las otras preguntas en el examen. Daniel no copia las preguntas en el cuaderno mágico porque él sabe las respuestas. Daniel no usa el cuaderno mágico en todo el examen. 

El lunes, Daniel recibe su examen. ¡Él recibió un ochenta y cinco porcentaje! Daniel está muy feliz y está orgulloso. Daniel no es tonto, es inteligente. Daniel no necesita el cuaderno mágico, solo necesita  estudiar un poco y poner atención en clase.

Ahora, Daniel escucha a sus maestros. Él copia información en su cuaderno y estudia la información en la casa. El cuaderno chequea las respuestas de Daniel y marca las respuestas correctas con una estrella. Daniel practica y estudia y ahora hace muy bien en la escuela. Él tiene calificaciones buenas en todas sus clases. Los padres y los maestros de Daniel están muy felices también.

Daniel se da cuenta de que no necesita usar un cuaderno mágico, solo necesita usar la cabeza.

El fin.

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